jueves, 15 de julio de 2010

...y te vas a tener que aguantar...

Y también yo podría empezar esto diciendo algo igual de frío como: "Ese no era el trato"
Aunque no lo creas es rara la vez en que las palabras intercambiadas en nuestras conversaciones no son retomadas en mi mente algún tiempo después, puede ser desde segundos, minutos u horas después, pero eso sí, nunca años.
Dentro de los comportamientos que he madurado es que, por mucho que me duela, siempre debo ponerme en tu papel para entender mejor lo que dijimos, lo que nos lastimó o el propósito que tuvo.
En esta ocasión también lo hago reconociendo que traigo un rencor de hace muchos años con una persona que saqué de mi vida hace mucho tiempo, y que de alguna manera te lo he tratado de colgar a ti. Diría alguien: "y eso no es justo". No, no lo es. Y con estas líneas quiero asegurarte que no estoy tratando de reprochar tu decisión sino la manera de decirme que el pacto que alguna vez hicimos se rompió, al menos de tu parte.
Sí, se me vino a la mente que podía yo hacer lo mismo, finalmente el pacto ya se había roto, y me vino a la cabeza que de ahora en adelante podía yo también hacer cosas que quiero y a ti no te va a quedar más remedio que aguantarte, pero después me convencí que sólo había roto para ti. No me interesa romperlo para mi. Es algo así como pretender que todas aquellas promesas hechas cuando empezábamos a luchar en esta vida juntos, sigan inmaculadas, al menos para mi. Hace días releía todas aquellas palabras que nos decíamos antes de aquel diciembre. La fuerza que nuestras palabras irradian son para pensar que nunca se vendrán abajo. Todo aquél deseo de estar juntos, de vivir sólo para hacernos feliz el uno al otro, de no hacer nada sin que el otro estuviera de acuerdo... Perdón, así lo sentí yo en aquél momento y no lo he dejado de sentir ni un minuto de nuestra vida juntos.
Quiero decirte que no hay ningún problema, que puedes hacer en tu fin de semana lo que me dijiste ibas a hacer. No armaré un teatro, no diré nada. Me dolerá si pasa, me dolerá la promesa rota pero lo que te aseguro que más me está doliendo es cada palabra del "y te vas a tener que aguantar" o el "no te pedi tu opinión" que retumba en mi cabeza.
Me suena a una frase egoísta, me suena a un "no vale la pena conversarlo".
Yo reitero mi compromiso de seguir tomándote en cuenta en mis decisiones y nunca llevar a cabo algo sin haberlo siquiera conversado contigo, porque finalmente, qué es el matrimonio sino una serie de negociaciones por segundo? qué es sino un equilibrio entre lo que "quiero" y lo que "queremos"? qué es sino la ausencia de intención al dañar al otro simplemente porque "así lo quiero y punto"?
Esto es un trabajo de dos, la opinión del otro siempre debe importar. Espero que estés de acuerdo conmigo, si no entonces algo sí se romperá.
Y también sé que hay circunstancias que rodean tu decisión, también entiendo el momento que te orilla a llevar a cabo el plan "a pesar de mi". Pero entonces debo esperar que siempre que estés lejos de mi buscarás hacer algo en lo que yo no esté de acuerdo porque la lejanía o distancia o tu depre lo justifica?
Todo está en las expectativas que tú pongas en tu ser amado.

viernes, 4 de junio de 2010

volver a lo básico...

Porqué es tan común la frase "vuelve a lo básico"?
HOy, una de esas películas tontas y predescibles me puso en la mente estas palabras y desde mi punto de vista esto es lo que sucede.
El comienzo es sincero, es intachable, es un estira y afloje, es un conocerse tratando de quedar bien contigo y con la(s) otra(s) persona (s).
En el principio nunca sabemos lo que va a pasar pero siempre queremos que funcione y eso nos hace desdoblarnos en una especie de confianza, de sinceridad, de intensidad y por supuesto, de locura.
El inicio nos rodea de sueños con ganas de ser realidades y nos lleva a disfrutar cada momento y cada reacción.
Incluso es en esa etapa donde hasta nosotros mismos aprendemos cómo somos, cómo deseamos, cómo queremos, y qué tanto estamos comprometidos.
Claro, habrá siempre ese riesgo que nos quita el sueño pero que nos hace saborear la incertidumbre de una manera bárbara.
"Vuelve a lo básico" no es otra cosa mas que encontrar la esencia, lo que en un principio nos hacía volar. Traspólalo al trabajo, al amor, a la familia, a un proyecto, cualquiera que sea su complicación.
Si recuerdas el principio como un gran momento, entonces tan sencillo como "vuelve a lo básico".
El recuerdo no nada más sirve para llenarte la mente de lo que fue y te lamentes de lo que ya no es.
El recuerdo te lleva a volver a sentir lo que viviste pero jamás con la intención de que nunca lo vuelvas a sentir.
Tú puedes sentir, pensar, amar, soñar, vivir como quieras, las veces que quieras y repetir lo que te dé la gana.
Si fuiste capaz de sentirlo una vez, o de crear ese "inicio" que ahora al recordarlo te hace vibrar, serás capaz de recrearlo, las veces que quieras, con las mismas variables o con otras, como te plazca.
Tú eres lo que lo provocaste... entonces, si añoras algo, "vuelve a lo básico" porque añorar es historia y tú eres presente.

miércoles, 3 de febrero de 2010

cosa curiosa... que no deja de preocuparme

Sucede que empezamos a vender la camioneta y después de lo que nos pasó el día de hoy, estoy convencida que cada día en este país es una aventura que nunca olvidaré. En cuanto llegué a casa busqué plasmar esto en mi blog porque lo considero importante para aquellos que quieran vender su vehículo.
Ayer recibimos una más de tantas llamadas de potenciales compradores. Era la voz masculina de una persona llamada Carlos Haché. La tomó HOmero y se notó entusiasmado cuando me contó que esta persona le había pedido que le marcara al día siguiente (o sea hoy) para ponerse de acuerdo y ver la camioneta.
El día de hoy, como estaba acordado, mi esposo habló al tal Sr. Carlos para decirle que nos veíamos a las 9:30 am en la universidad donde yo trabajo. Efectivamente, al llegar a la hora señalada, el señor referido estaba ahí.
Desde el principio se nos hizo muy platicador, haciendo gala a su nacionalidad, vio por aquí, observó por allá y todo iba muy bien. Notamos que no hacía grandes comentarios, sólo asentía a todo lo que le decíamos en la demostración de las excelentes condiciones en que está nuestro vehículo.
Yo me entretuve saludando a compañeras de trabajo cuando Homero me pidió las llaves para llevar al señor a dar una vuelta para probar la camioneta.
Pensando yo que todo marchaba bien y en orden, recibí una hora más tarde una llamada de Homero diciéndome que el señor Carlos se mostraba tan interesado en comprarla que ya incluso lo había llevado a una clínica en donde "según él" trabajaba su esposa, una tal Dra. Carmen. Tenía la intención de que ahí su esposa viera la camioneta, se convenciera de que estaba bien y hoy mismo hacer el intercambio. Así que HOmero esperaría ahí como el Sr. carlos le había pedido.
POr supuesto, la llamada dibujó una sonrisa en mi cara pues el vender la camioneta era un símbolo más de que las cosas van funcionando para el regreso a nuestro país.
Pero cuál va siendo mi sorpresa que una hora más tarde vuelvo a recibir otra llamada de mi esposo diciéndome que no tenía ningún rastro del señor. Éste había entrado a la clínica en busca de su esposa y nunca había salido. Mi esposo estacionó la camioneta y entró a buscarlo, claro, después de haber hecho llamadas a su celular para saber qué había pasado pero que el Sr. Carlos nunca contestó. Se dio cuenta que en dicha clínica no había ninguna Dra. Carmen y eso empezó a inquietarlo.
Obviamente regresó a la camioneta y emprendió su regreso a la universidad para verme ahí.
No volvimos a saber de él.
Cabe mencionar que alrededor de las 4 pm le pedí a mi asistente que llamara al celular que teníamos de esta persona y contestó un muchachito diciendo que ese celular no pertenecía a ningún Carlos y obviamente él no conocía a nadie con ese nombre. Llamamos a la clínica para investigar acerca de la existencia de una Dra. Carmen y la respuesta fue la misma: nadie sabía de ella.
No dejo de darle vueltas en la cabeza a cada una de las palabras que intercambiamos con él, todas y cada una de los gestos, de los movimientos y hasta de los pensamientos que tuve en el poco tiempo que lo ví, pero ahora lo único que estoy segura sentir es una pésima vibra de lo que sucedió.
Lo único que me queda pensar es que era un delincuente que quizá quería quitarle la camioneta a mi esposo, pero, por qué no lo hizo? qué pasó? quién es esta persona?
Debemos cuidarnos de todos y de todo. Nunca pensemos que la gente es como nosotros, honrados, honestos, confiables, y que lo único que deseamos es hacer la transacción de la forma más correcta posible.
Seguiré indagando y estudiando la situación, pues la inseguridad que me dio el salir de la universidad sola en la camioneta me lleva a pensar, en qué mundo estamos viviendo?

martes, 2 de febrero de 2010

en construcción

ta ta ta taaaan.....